¿Cómo pasar del control a la confianza?
Aprender a soltar el control, aceptar el presente y confiar en el plan de nuestra vida

"Los maestros de Dios tienen confianza en el mundo porque han aprendido que no está regido por las leyes que el mundo inventó. Está regido por un poder que se encuentra en ellos, pero que no es de ellos. Este poder es el que mantiene todas las cosas a salvo." UCDM
Transitando esta experiencia humana, es normal que nos encontremos frente a situaciones que no estaban dentro de lo que habíamos previsto o de nuestro esquema mental. Muchas veces, la estructura inflexible que hemos construido nos impide fluir con las situaciones que vivimos, aun cuando ya están sucediendo de una manera diferente a la que esperábamos. A esto se suma que una gran parte de nuestras acciones están orientadas a buscar y "garantizar" un determinado resultado.
Estos dos escenarios provienen de una misma necesidad: el control. De creer que existe algo externo a nosotros que podemos y debemos controlar. Sin embargo, la vida misma nos muestra que, en un instante, todo puede salir de nuestro aparente control. Y cuando esto sucede, no nos queda más que soltar nuestras expectativas e ideales, plantarnos en el presente, aceptar lo que está ocurriendo y vivir la experiencia que esta situación está trayendo, con la certeza de que también puede ser parte del plan de nuestra alma y estar siendo utilizada para nuestro aprendizaje.
Aquí quiero recalcar algo que he mencionado en entradas anteriores: nuestro sufrimiento no es por lo que vivimos, sino por no aceptarlo y resistirnos a lo que está pasando. Muchas veces, además, aparece el miedo a no tener capacidad de respuesta ante algo diferente a lo que ya habíamos preparado. Entonces comienza el autosabotaje mental: "¿cómo no consideré esto?", "si hubiera hecho lo otro..." o "¿por qué a mí?". Estos pensamientos nos hunden todavía más en la mente y nos llevan a un lugar en el que sentimos que no tenemos margen de acción y, mucho menos, una salida.
¿Qué tan flexibles somos ante lo que ocurre?
Para aprender a soltar el control y desarrollar confianza, es importante observar qué tan flexibles somos en nuestra cotidianidad. Podemos comenzar con cosas tan sencillas como la comida: qué comemos normalmente, a qué hora, con quién y qué sucede cuando alguna de estas cosas cambia por razones más o menos justificadas o justificables.
¿Cómo nos sentimos ante estos movimientos?
¿Fluimos, aceptamos lo que está ocurriendo y tomamos decisiones desde el presente? Como diría el GPS: ¿recalculamos?
¿O, por el contrario, nos invade la frustración, el miedo o incluso cierta ansiedad porque sentimos que esto "no tendría por qué estar pasando"?
El problema no está necesariamente en que sintamos incomodidad cuando algo se sale de contexto o de lo cotidiano. Lo importante es darnos cuenta de que no estamos en paz y, como lo he mencionado recurrentemente, volver al presente y permitirnos fluir.
Cuando tenemos ese instante de cordura y logramos centrarnos, podemos descubrir que aquello que sucedió quizás no era tan malo. Incluso puede suceder que sea mejor de lo que habíamos planeado. Y, en cualquier caso, podemos elegir agradecer la situación tal y como es.
Dejar el control y aprender a confiar
Es precisamente a través de la gratitud que podemos comenzar a transitar del control a la confianza. Aceptamos que no hay nada externo que podamos controlar y, en lugar de intentar controlar las circunstancias, retomamos el verdadero control: el de nuestra mente. La traemos nuevamente al presente y agradecemos aquello que estamos viviendo tal y como es.
Para practicar la confianza, especialmente cuando existe una situación por resolver, puede ser útil agradecer por anticipado el resultado, cualquiera que sea. Confiar en que, pase lo que pase, podremos utilizarlo a nuestro favor y que existe una bendición para nosotros, aunque en ese momento todavía no podamos verla.
Esto no significa que debamos negar lo que sentimos o fingir que todo está bien. Se trata de tener la voluntad de vibrar en gratitud ante esa situación y recordar que no estamos, no estaremos ni hemos estado solos. Siempre estamos dentro de un plan divino que se desenvuelve a cada instante y, en ese plan, siempre está el amor en control.
Cuando nos reconocemos como ese amor mismo y aceptamos todo como una expresión de un amor mayor, incluso una situación dolorosa puede convertirse en una invitación. Puede invitarnos a soltar un apego, a dar un salto que no nos habíamos atrevido a dar o a reconocer algún atributo de Dios en nosotros.
Confiar sin dejar de avanzar
Por eso, la invitación de esta reflexión es a tomar decisiones y realizar acciones sin expectativas. Esto no significa que no debamos fijar una meta, sino que no debemos quedarnos estancados en ella.
Podemos tener claridad sobre aquello que queremos alcanzar, pero al mismo tiempo permitirnos estar abiertos a que el camino pueda desarrollarse de una manera diferente a la que habíamos imaginado.
Cuando fijes una meta, déjate guiar por el corazón hacia la emoción que buscas, y permite que esa emoción sea la brújula que te guíe. No permitas que sea únicamente la mente la que tome el control, porque la mente suele basarse en información del pasado y, desde esa información limitada, intenta controlar un futuro que todavía no existe.
Nosotros no estamos aquí solamente para repetir lo que ya conocemos. Somos creadores. Y crear también significa abrirnos a posibilidades que nuestra mente todavía no puede ver.
Pasar del control a la confianza es aprender a caminar con la certeza de que, aunque no sepamos exactamente cómo se desarrollará una situación, podemos estar presentes para vivirla, aprender de ella y elegir nuevamente el amor.
Porque cuando soltamos la necesidad de controlar cada resultado, comenzamos a descubrir que la vida también puede sostenernos.
Y quizás confiar sea, precisamente, recordar que no tenemos que saberlo todo para estar a salvo.
Con todo mi amor,
Catalina




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